Poesía de jóvenes refugiados. Mis ojos han visto los colores de la desgracia

Traducido del alemán por translators for justice

Fuente: Poesie junger Geflüchteter von The Poetry Project, zum ersten Mal vorgetragen im BOX Freiraum Berlin (www.ThePoetryProject.de)

Dejé mi patria, mi amado hogar.
Los recuerdos se entremezclan como el cielo y el mar
ardiendo en lo más profundo de mi cuerpo.
La madre se despidió de mi llorando,
se acabó el sufrimiento, pensaba.
Preparé mis cosas y me puse en camino.
Mi cuerpo y mi alma, los entregué a la mar.
Gracias a Dios que todavía vivo.
Maldiga Dios a la mar, que los cuerpos devora.
El rezo y el amor por mi hermana me ayudaron a llegar.
Pero mis ojos han visto los colores de la desgracia.

Mohamad Mashghdost, 18, Bandar-e Ansali, Irán, sobre la huida y la llegada a Europa

Ponte a mi lado y mira
lo que sucedió.
Ya terminó, pero aún quedan huellas en mi corazón.
Sin espacio para mí, para dormir en este bus.
Con los pies secos, la esperanza se hundió ante mis ojos.
La policía dijo “¡alto!”.
“¡Para atrás, para atrás!”
Todos listos en los vagones,
solo yo quedé en la vía.
El bote se hundió y con él mis ardientes esperanzas por Europa.
Mientras el mundo dormía, nosotros permanecíamos despiertos,
hambrientos, sedientos y cansados.
Para nosotros, que nos fuimos, será más difícil volver.
Todo ese desgarro por un poco de calma.
Que no es para mí,
sino para mi familia. Es la calma de mi familia.

Yasser Niksada, 14, nacido en Afganistán, crecido en Irán, sobre el pasaje a Europa

Al principio de mi vida, yo no existía.
Tuve una madre, que era Dios a mis ojos.
Era un amor unilateral.
Había un padre, pero él nunca estaba ahí.
El cuerpo llegaba a descansar, pero no la mente.
Estaba desolado.
La hermana quiso ocuparse de mí, pero estaba agotada.
Quería a mi madre, pero se me murió.
Me quise ir, pero me quedé.
Me quise quedar, pero me fui.
No era importante irse, y tampoco quedarse.
Importante era yo, el que no existía.

Mohamad Mashghdost, 18, Bandar-e Ansali, Irán, sobre el ser

Cuando digo mujeres,
Hablo de mujeres verdaderas.
De aquellas con hombros, narices y cejas.
De las que, desde el principio, solamente se pertenecen a sí mismas.
De las que no son egoístas u orgullosas de sus talentos.
De las que se aman por lo que son
y solamente quieren ser ellas mismas
y no intentar parecerse a otras.
Cuando hablo de mujeres, hablo de éstas.
La luz de su mirada es como el aroma de su perfume Kobako.
Sus manos son amables y de valor incomparable.
Su sabiduría brillante se deja entrever bajo el maquillaje.
Con pura belleza camina entre la multitud,
le dan igual las miradas acosadoras de los babosos.
La mujer fuerte y segura de sí misma persigue sus dones y talentos.
Muchas mujeres se quedan en casa, se desvanecen y se vuelven agua.
Pero las que salen se convierten en pan y fruta.
Y cuando hablo de mujeres, hablo de éstas.

Samiullah Rassouli, 17, Ghazni, Afghanistan, sobre las mujeres

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