Mi vida tras la petición de paz al gobierno turco. Testimonio de Latife Akyüz, una de las firmantes de Académicos por la paz

Fuente: BBC Türkçe, http://www.bbc.com/turkce/haberler/2016/01/160123_akademisyen

Traducido por Translators for Justice

23 de enero 2016

La socióloga turca Latife Akyüz es profesora asociada en la Universidad de Düzce (Turquía) y una de las firmantes de la petición Académicos por la paz, en la cual se exige el final de las acciones militares en las regiones de población mayoritariamente kurda. Actualmente ha sido despedida de la Universidad de Düzce y se le ha impuesto una orden de detención. En este artículo para la BBC Turquía Latife Akyüz describe cómo ha cambiado su vida en el transcurso de tres días.

Llevo unos dos años trabajando en la Universidad de Düzce (Turquía). En septiembre de 2015 acababa de volver a la universidad tras un año como profesora invitada en Bélgica en el que había estado realizando entrevistas a mujeres migrantes turcas.

Lo cierto es que después de residir durante años en Ankara, me había costado acostumbrarme a vivir en esta ciudad relativamente pequeña. Este año, nuestro recién creado departamento había abierto por primera vez sus puertas a los estudiantes. Todos nos sentíamos invadidos por un sentimiento de satisfacción y alegría. Estábamos planificando los nuevos cursos para el semestre de primavera, así como un nuevo proyecto de investigación basado en la teoría del género social y la asistencia a un congreso en el área de las ciencias sociales. Todos estos planes se han visto frustrados.

El lunes, once de enero, tras el discurso que el presidente Recep Tayyip Erdoğan dirigió contra los firmantes de la petición Académicos por la paz, se inició una campaña de linchamiento en Düzce. El martes a mediodía, una amiga me llamó para decirme que un periódico local online había publicado un artículo sobre mí. “Puede que tengas problemas”, añadió. Así fue. En el titular podía leerse: “Una traidora en Düzce”. Ya habían comenzado a aparecer los primeros comentarios en la página. Poco después, la agrupación ultranacionalista Lobos Grises publicó un comunicado de prensa en el que acababan prometiendo “limpiar Düzce de los simpatizantes del PKK”. La campaña de linchamiento crecía con cada minuto que pasaba y continuó expandiéndose en las redes sociales. Ya os podéis hacer una idea de las groserías, insultos y amenazas que se podían leer en los comentarios. Algunos preguntaban por mi dirección, otros amenazaban con lanzar bombas molotov contra mi coche (que no tengo), muchos proferían palabras soeces y sexistas. Cientos de personas enloquecidas estaban volcando su agresividad sobre una mujer que vivía sola en Düzce – y disfrutaban haciéndolo. Mientras tanto, me encontraba en la universidad intentando terminar de corregir los exámenes finales de mis estudiantes.

Algunos de mis amigos, que llevaban ya un tiempo viviendo en la ciudad, se dieron cuenta de la gravedad de la situación y me sacaron rápidamente de Düzce. Durante un día y medio estuve acompañada en todo momento por tres amigos, a quienes espero que no les importe que les llame mis “guardaespaldas”. Con ellos fui a hablar con mi abogado para aclarar qué pasos debía seguir. No podía volver a casa.

Como mis padres vivían en Estambul y no quería preocuparles, decidí no contarles nada por el momento. Sin embargo, antes de que llegase el miércoles ya habían recibido noticias acerca de la situación. ¿Cómo podría describir el miedo que pasaron? No pararon de decirme que abandonase la ciudad lo más rápido posible y que no volviese nunca más. El miércoles por la noche mis amigos me llevaron a İzmit, a unos cien kilómetros de Düzce, y me metieron en un autobús con destino a Estambul. Pensaban que no era seguro que tomase el autobús desde Düzce. En aquel momento pensé que estaban exagerando; pero me equivoqué. El hecho de que la campaña de linchamiento continuase diez días después demuestra que tenían razón. Ese mismo miércoles por la noche, el consejo universitario anunció mi despido en su página web. Nadie se puso en contacto conmigo ni para notificarme personalmente el despido ni para explicarme las razones. A continuación pude leer en la prensa nacional que la fiscalía había abierto una investigación y emitido una orden de detención en mi contra.

En el transcurso de tres días y medio, mi vida había cambiado radicalmente. La campaña de linchamiento que había comenzado el martes desembocó en mi detención del viernes, en la que me vi obligada a prestar declaración ante la fiscalía. Aunque al poco fui puesta en libertad, me prohibieron salir del país. ¿Por qué? Por firmar una petición de paz. Todavía no termino de entender el transcurso de los acontecimientos. Tuve que abandonar mi hogar, puse mi gato al cuidado de unos amigos y me fui a vivir con mis padres. No sé que va a pasar. Esta incertidumbre es uno de los aspectos más duros. Gracias al apoyo incondicional de mi familia, amigos y, especialmente, de algunos de mis estudiantes consigo salir adelante. Claro que hay otros que han abandonado mi vida silenciosamente. A ellos no tengo nada que decirles.

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