La masacre en Ankara: Informe de una doctora que participó en la organización de la manifestación por la paz

Traducido del alemán por Translators for justice

Fuente: http://sendika4.org/2015/10/ev-sahibi-doktorun-katliam-notlari-hande-arpat-ilerihaber-org/

15 de octubre de 2015

Hande Arpat

Soy una de las personas que organizó la manifestación y os convocó a participar en ella. Estuve presente desde el principio hasta el final. Por ello pido una vez más vuestra atención.

Las preparaciones para la manifestación por la paz habían comenzado muy temprano: se establecieron comités de organización, se nombraron representantes regionales, se reunieron los medios de comunicación… Todos contribuían con ilusión y entusiasmo. En nuestras pancartas, en nuestros vídeos y eslóganes se podía sentir una tenacidad prometedora, que triunfó sobre el sufrimiento que reinaba alrededor de nosotros… Durante esta fase de preparación todos hicimos nuevas amistades que durarían toda la vida, pues el hecho de poner en marcha una iniciativa solidaria en conjunto es algo extraordinario.

Queríamos dejar volar nuestros globos blancos sobre el cielo de Ankara mientras cantábamos y bailábamos; queríamos sembrar esperanza en nuestro país enfermo cogidos de la mano de nuestros camaradas, quienes habían llegado de todos los rincones del país.

Pero esto no ocurrió. Hicieron que nuestra manifestación saltara por los aires. Las bombas explotaron justo detrás de nosotros, es decir, detrás del vehículo de la Asociación Turca de Médicos: tan solo cuatro minutos antes nos encontrábamos en ese mismo lugar, en el que nuestros hermanos y hermanas fueron masacrados.

Inmediatamente después de las explosiones, amigos de los centros cívicos y de la Federación por los Derechos Democráticos que se encontraban detrás de nosotros, reaccionaron con rapidez: “¡Mantengan la calma! ¡Por favor, abran paso a los médicos!” Todavía me pregunto asombrada de dónde y cómo surgieron en nosotros reflejos tan importantes para la supervivencia. Realmente no lo sé. Debemos estar agradecidos por habernos podido acercar forma rápida, pero segura y conservando la calma, al lugar donde las bombas explotaron.

Cada uno de nosotros corrió hacia algún herido o muerto; fue entonces cuando llegaron las unidades especiales de la policía y empezaron a rociar a los heridos e incluso a los muertos con gas pimienta. ¡No tenía ningún sentido! Un amigo médico, que había sido anteriormente uno de los presidentes de la Asociación Turca de Médicos, estaba reanimando a un herido en ese momento, cuando fue rociado con gas pimienta. Mi compañero siguió intentando reanimar a la víctima, a pesar del riesgo que él mismo corría, ya que apenas podía respirar. Pero quizás ustedes lo sepan: durante un intento de reanimación es indispensable mantener abiertas las vías respiratorias del herido para garantizar su respiración. Imagínense que están heridos y su corazón se ha parado. Es una suerte grandísima que un médico vaya corriendo e intente reanimarle; pero a causa del gas pimienta de la policía, su cuerpo, que lucha por sobrevivir, se encuentra de nuevo en peligro y usted muere… Sí, el compañero herido murió a pesar de la intervención médica.

No me puedo imaginar un caso igual en la historia de Turquía, en el que profesionales médicos tan bien preparados prestaran primeros auxilios tan rápidos y efectivos, y que aún así el resultado fuera tan devastador. En tal contexto se debe especificar lo siguiente:

  1. Mucho antes de que las ambulancias llegaran, las unidades especiales de la policía irrumpieron en la zona.
  2. No solo irrumpieron en la zona, sino que también rociaron gas pimienta a los médicos que ayudaban a los heridos que se debatían entre la vida y la muerte, e incluso a los heridos y muertos. Hablo desde un profundo conocimiento de la literatura médica y con trasfondo de muchos años de experiencia clínica: la policía que intervino con gas pimienta también fue culpable de que murieran tantas personas, a pesar de los primeros auxilios prestados de forma tan rápida y profesional. Naturalmente los principales culpables son sus superiores, quienes dieron las órdenes o permitieron que se llevaran a cabo. No solo los terroristas suicidas, sino todos los miembros de las unidades especiales que rociaron gas pimienta a personas malheridas, desde los oficiales de policía hasta sus superiores, son cómplices de la masacre. Las acciones de las unidades especiales tenían claramente como objetivo matar a la gente.

Algunos de ustedes habrán asistido seguramente a un curso de primeros auxilios y sabrán que en una situación así, además de garantizar seguridad y ejecutar las medidas de primeros auxilios, se debe llamar al número de emergencia de la policía. Exactamente eso fue lo que hicimos; tanto nuestro secretario general como yo llamamos al número de emergencia de la policía y tuvimos largas conversaciones por este medio. Con ninguna de ellas se logró apoyo de ninguna clase, ni siquiera emocional. Con esto no incrimino en absoluto ni a mis compañeros, los médicos de guardia, ni al personal médico de la línea de emergencia de la policía y tampoco siento enfado hacia ellos, sino que les agradezco su esfuerzo. ¿Cómo podría enfadarme con ellos, si durante un largo rato el ministro y los responsables del Ministerio de Salud no contestaban las llamadas de la Asociación Turca de Médicos? También en este punto se debe resaltar lo siguiente:

  1. El Ministro de Salud no respondió a las llamadas de la Asociación Turca de Médicos durante un periodo largo de tiempo. Todavía se puede leer en la página web de la Asociación Turca de Médicos nuestra desesperada llamada de socorro.
  2. No hubo suficientes ambulancias disponibles en el lugar de la manifestación; las barricadas de la policía impidieron el acceso de las ambulancias y personal médico solicitados al lugar de la masacre. Hay vídeos que lo demuestran: la policía y los vehículos de intervención montaron barricadas delante del angosto acceso a la avenida Talatpaşa en dirección a la estación central. Las ambulancias que acudieron tras la llamada de emergencia tuvieron que esperar en una larga cola detrás de las barricadas.

Inmediatamente después del atentado, a pesar de las circunstancias tan adversas, todos los heridos y también los muertos fueron atendidos en muy poco tiempo por los médicos y el personal de salud, quienes se iban haciendo una idea de la situación y llevaban a cabo las medidas de urgencia necesarias donde era posible; no es ninguna exageración escribir que no hubo un solo herido en el lugar de los hechos que no fuera atendido por el personal de salud. Como en la rebelión del parque Gezi y en muchos otros acontecimientos, en los cuales la violencia sistemática puede descontrolarse completamente, se pudo prevenir aún más muertes por medio de la intervención temprana del personal de salud. Junto a algunos de mis compañeros y compañeras, también activistas de la Asociación Turca de Médicos, abandoné el lugar de los hechos confiando en la presencia del resto de compañeros; nos fuimos para formar un comité de emergencia, que al poco ya funcionaba y se esforzaba por garantizar la comunicación.

El comité de emergencia funcionaba a pleno rendimiento gracias a los médicos, abogados, activistas solidarizados con nosotros y, por supuesto, gracias a los trabajadores de la Asociación Turca de Médicos tan importantes para nosotros. Se mostró una gran diligencia en la transmisión de datos, al informar a la opinión pública, en la constatación de pérdidas y situaciones de urgencia, así como en otros asuntos. Nuestros comunicados sobre la necesidad de donaciones de sangre fueron declarados falsos por el Ministerio de Salud y la Media Luna Roja; este hecho es completamente incomprensible, sobre todo porque estos comunicados comenzaron a difundirse por parte de compañeros que estaban ejerciendo como cirujanos en operaciones y enfermeros en las unidades de cuidados intensivos. Y aunque hubiera habido suficientes reservas de sangre, ¡había un problema de transporte hacia las instalaciones médicas pertinentes! No intentamos contrarrestar los comunicados que desacreditaban nuestros pedidos de sangre, sino que hicimos lo que teníamos que hacer; y estuvo bien actuar de esa manera. La gente venía de todas partes y corría a los hospitales en respuesta a nuestra llamada por donaciones de sangre.

Hemos recibido muchos mensajes: algunos eran declaraciones de apoyo y solidaridad, otros (que aún seguimos recibiendo) eran de acoso y amenaza. Leímos con emoción todos aquellos mensajes que se solidarizaron con nuestra pena y nuestra carga; estos mensajes nos dieron fuerzas. Los otros, para ser sinceros, no los hemos tomado en serio; hicimos simplemente lo que teníamos que hacer. No estamos del mismo lado; ellos están del lado de la muerte, nosotros claramente del lado de la vida.

La asistencia a nuestros pacientes, las necesidades de sus familias, el apoyo psicológico y social a todos aquellos que lo necesiten, los procedimientos jurídicos que se deben iniciar… Muchas nuevas tareas se han añadido a nuestra demanda de trabajo, democracia y paz, a nuestra lucha por una asistencia médica gratuita y con los mismos derechos para todos y a nuestra perseverancia en lo que respecta a las buenas prácticas médicas. Lo conseguiremos hacer todo; permaneceremos tenaces, incansables y sin miedo a favor de la vida.

Hemos hablado de dos frentes, los cuales son diametralmente opuestos: mientras que nosotros hacemos llegar los primeros auxilios a cada persona malherida (o a cualquiera que tenga una emergencia) o en peligro de muerte, mientras intentamos preservar la vida, ellos dejan que nos asfixiemos en gas pimienta y nos terminan matando. Mientras que nosotros no podíamos ni pisar la sangre que había en el suelo y por ello debimos siempre andar en puntillas, ellos caminaban con sus grandes botas militares por encima de los cuerpos y no tenían ningún cuidado de por dónde pisaban. Nosotros no dejamos de proporcionar auxilio y de estar a favor de la vida; como ya ha ocurrido antes, ellos responden culpándonos y condenándonos.

En resumen: pase lo que pase ¡NO NOS RENDIREMOS! Asumimos la responsabilidad del legado de nuestros hermanos y hermanas y sentimos el dolor de su pérdida en nuestros corazones. Nosotros lo sabemos, estamos seguros de que tenemos razón: la oscuridad se aclarará y la humanidad triunfará.

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