Llamamiento del escritor Yuri Andrujovich

Yuri Andrujovich
Traducido del alemán por Translate for justice
Fuente: http://www.e-radar.pl/de,artykuly,12,3246.html

Queridos amigos y sobre todo queridos periodistas y redactores internacionales:

En los últimos días he recibido un gran número de cartas solicitándome que describa la situación que impera actualmente en Kiev y en Ucrania en general, pidiéndome que evalúe lo que está ocurriendo y que ofrezca mi visión al menos del futuro más inmediato. Dado que físicamente me es imposible escribir y enviar un análisis detallado a cada una de sus revistas, me he decidido por este breve discurso, del que cada cual podrá hacer uso según sus necesidades.

Lo más importante quiero transmitirles es lo siguiente:

Durante sus escasos cuatro años de gobierno el régimen del Presidente Yanukóvich ha llevado al país y a la sociedad civil a un estado de seria conmoción. Todavía peor: el régimen ha enfilado un callejón sin salida en el que tiene que seguir manteniéndose en el poder para evitar que caiga sobre él el peso de la justicia. La dimensión del robo y de la usurpación supera cualquier visión posible de la codicia humana.

Desde hace ya más de dos meses la única respuesta con la que el régimen contesta a las manifestaciones pacíficas es la violencia, una violencia recrudecida y “combinada”: las intervenciones de las fuerzas especiales de la policía en la Plaza de la Independencia se ven acompañadas por la persecución individual de activistas de la oposición y de meros manifestantes (vigilancia, palizas, incendios de coches y viviendas, allanamientos de morada, detenciones, aumento de los juicios rápidos). La palabra clave es intimidación. Al ver que no funciona y al comprobar que cada vez más personas salen en masa a protestar, el régimen va adoptando represalias cada vez más severas.

La “base legal” para estas acciones se estableció el 16 de enero cuando, violando todo tipo de normativas con respecto al orden de votación, al orden del día e incluso vulnerando la Constitución, los diputados estrechamente afines al Presidente acordaron por votación a mano alzada (!) y en pocos minutos una serie de cambios en la ley con los cuales se imponía de forma efectiva una dictadura y se instauraba el estado de excepción en el país, sin que fuese necesario ni siquiera proclamarlo explícitamente. Al escribir y difundir este texto estoy infringiendo algunas de estas disposiciones legales, por ejemplo, en cuestiones de “difamación”, “provocación”, etc.

Así, aquel que aceptase estas leyes, tendría que asumir que en Ucrania está prohibido todo aquello que los dirigentes no autoricen. Y autorizado solo está una cosa: obedecer.

La sociedad ucraniana se niega a atenerse a estas “leyes” y el 19 de enero salió nuevamente en masa a la calle para defender su futuro.

Actualmente en las noticias televisadas desde Kiev se pueden ver manifestantes con todo tipo de cascos y máscaras, algunos empuñan porras de madera. No piensen que se trata de “extremistas”, “provocadores” o “ultraderechistas”. También mis compañeros y yo salimos ahora a las manifestaciones con este atuendo. Por lo tanto, siguiendo el razonamiento también yo, mi mujer, mi hija y nuestros amigos seríamos “extremistas”. No nos queda otra opción: protegemos nuestra vida y nuestra salud, la nuestra y la de nuestra familia. Los soldados de las fuerzas de seguridad abren fuego sobre nosotros, sus francotiradores asesinan a nuestros compañeros. Si consideramos solo el barrio gubernamental y solo los dos últimos días, el número de activistas asesinados asciende a cinco o siete personas, según la fuente. Decenas de personas están desaparecidas.

No podemos apaciguar las protestas, ya que ello significaría que aprobamos vivir en un país bajo cadena perpetua.

Las jóvenes generaciones de ucranianos que han crecido en la época postsoviética no toleran por principio ninguna dictadura. Si la dictadura vence, Europa tendrá que asumir que una Corea del Norte linde con su frontera del este y tendrá que contar con entre cinco y diez millones de refugiados, según diferentes estimaciones. No es mi propósito asustarles.

Ha estallado una revolución juvenil. La guerra por el poder no declarada se libra sobre todo contra los jóvenes. Al anochecer, cuando la oscuridad cae, grupos de desconocidos “vestidos de civiles” se mueven por Kiev y atacan principalmente a gente joven, sobre todo a aquellos que llevan los símbolos de la Plaza de la Independencia, es decir, símbolos europeos. Las personas son secuestradas y llevadas a los bosques, donde tras obligarles a desnudarse son torturadas en el punzante frío. Curiosamente las víctimas de estos arrestos son a menudo jóvenes artistas (actores, pintores, poetas). Parece como si se hubiese permitido la entrada a una especie de “escuadrón de la muerte”, cuyo objetivo es destruir lo mejor que alberga el país.

Otro detalle estremecedor: La policía ha convertido los hospitales de Kiev en trampas para los manifestantes heridos, a los que arrestan y (repito, manifestantes heridos) deportan a lugares desconocidos para someterlos a interrogatorios. Acudir al hospital se ha convertido en algo sumamente peligroso, también para personas que no participan en las protestas y que han sido heridas por las granadas de plástico de la policía. Los médicos desconcertados entregan a sus pacientes a los así llamados “protectores de la ley”.

En suma, actualmente en Ucrania se están perpetrando crímenes contra la humanidad orquestados por el gobierno vigente. Si en esta realidad se puede constatar algún extremista, es en la cabeza del Estado.

Y finalmente respondo a sus dos preguntas, para mí tradicionalmente las más difíciles: No sé lo que queda por llegar y tampoco sé lo que ustedes pueden hacer por nosotros. No obstante, pueden difundir este discurso en la medida de sus posibilidades y contactos. Es más, compartan nuestro sufrimiento. Piensen en nosotros. Vamos a vencer, a pesar de los desmanes. El pueblo ucraniano lucha con entereza y vierte su sangre por los valores europeos de una sociedad libre y justa. Espero de corazón que ustedes sepan valorarlo.

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