La muerte de emigrantes en el Mediterráneo es una verdadera tragedia “europea”

14.10.2013
Traducido del inglés por Translate for Justice
Fuente: http://blogs.lse.ac.uk/europpblog/2013/10/14/the-death-of-migrants-in-the-mediterranean-is-a-truly-european-tragedy/

Más de 300 migrantes murieron ahogados el 3 de octubre cuando el bote con el intentaban alcanzar Italia desde Libia se incendió y hundió en el mar Mediterráneo. Nando Sigona expresa que los esfuerzos que se están haciendo para prevenir este tipo de desastres deben enfocarse en las razones por las cuales los migrantes optan por arriesgar su vida viajando a Europa. Sostiene que la UE no ha asumido la parte que le corresponde de las solicitudes de asilo en comparación con países en vías de desarrollo de África y Oriente Medio y que abrir el proceso de asilo debería ser una de las prioridades fundamentales de la UE.

El 3 de octubre un bote que transportaba inmigrantes de Libia a Italia se hundió frente a las costas de la isla italiana de Lampedusa llevándose consigo la vida de más de 300 personas. El 11 de octubre otro naufragio, a aproximadamente 120 km de la misma isla, se cobró la vida de al menos otros 30 inmigrantes. Considerando los tiempos de crisis en los que se ve envuelto el proyecto europeo y la nueva nacionalización de numerosos poderes previamente delegados a Bruselas, la UE podría aprovechar la oportunidad que le brinda una tragedia como la de Lampedusa y reafirmarse en los principios sobre los cuales fue fundada, así como reclamar un papel que en los últimos tiempos ha sido severamente cuestionado. Hallar una respuesta a la tragedia de Lampedusa por parte de la UE es, por lo tanto, esencial no sólo para evitar más muertes en el Mediterráneo, sino también para la UE misma y su supervivencia como proyecto político.

Cecilia Malmström, Comisaria de Asuntos Interiores de la UE, es muy consciente de esta oportunidad y está volcada en encontrar una salida, pero no hay una respuesta fácil. Tragedias como la de Lampedusa no son accidentales. Ni tampoco lo son las 19.142 muertes en las fronteras de la UE en los últimos 20 años. Estas muertes son parte de los “efectos secundarios” que provoca la fortificación de las fronteras de la Unión Europea y el cierre de rutas legales de migración para inmigrantes poco cualificados, particularmente para aquellos que ni son blancos ni cristianos.

Incrementar la militarización del Mediterráneo y enviar a la Frontex (la agencia que controla las fronteras externas de la UE) a patrullar las costas desde Marruecos hasta Turquía no hará que las personas pierdan el deseo de abandonar sus países y de emprender la búsqueda de un futuro mejor. Por el contrario, estas medidas terminarán por forzar a las personas a tomar rutas cada vez más peligrosas. El contrabando no es la causa de la migración, el contrabando es “una reacción al control fronterizo”. Asimismo, no debemos olvidar que muchos intentan escapar de la violencia, la persecución y la guerra y que los riesgos que están dispuestos a correr deberían ser considerados a la luz de estas circunstancias y no tomando como partida algún manual abstracto sobre salud y seguridad. Crear vías para la inmigración legal –temporal, estacional o prolongada- y dar asilo a aquellos que escapan de la persecución proporcionaría posiblemente una respuesta más eficaz.

Países con menos recursos que los estados miembros de la UE están haciendo un mejor trabajo para posibilitar el alojo y la protección de los refugiados que huyen de la persecución que está teniendo lugar en países como Siria y (anteriormente) Libia. El número de refugiados acogidos en programas de reasentamiento en la UE es tan reducido que resulta vergonzoso, particularmente cuando se compara con los cientos de miles de personas acogidas en países como Jordania, Turquía, Líbano y Túnez.

Lo que la UE está haciendo realmente es algo así como firmar cheques para que los desplazados sean albergados tan lejos del territorio europeo como sea posible. Esto se basa en una interpretación restringida de las obligaciones derivadas de las Convenciones para la protección de los refugiados de la ONU y de las leyes internacionales. Bajo protección no sólo se entiende el mantener vivos a los inmigrantes en campamentos para refugiados situados en áreas remotas. Proteger es también brindar a las personas la oportunidad de desarrollar una nueva vida como seres autónomos e independientes. Los refugiados son sobrevivientes. Si se les otorga la oportunidad serán capaces de construir una nueva vida. Para muchos, que lo han perdido todo, esta oportunidad sólo es posible en Europa. Sin embargo, en lugar de proporcionar ayuda, el proceso para solicitar asilo en la UE se ha vuelto cada vez más complicado. Muchas veces el único camino para iniciar el proceso es viajar “ilegalmente” a algún país europeo, posiblemente en un bote como el que se hundió frente a Lampedusa el 3 de octubre.

Sentimientos antimigratorios, antiislamistas y euroescépticos están profundamente arraigados en la mayoría de los países miembros de la UE y son alimentados por empresarios con ansias de capital y poder político a costa del miedo a “los otros”. Dirigir el malestar social hacia objetivos externos es una táctica sobradamente conocida y empleada en tiempos de crisis como los que estamos viviendo, ya que ayuda a desviar la atención de los problemas nacionales y a mantener un sentimiento de pertenencia compartida.

Lo que está en juego ahora, sin embargo, es el quiénes “somos” – esto es, ¿somos italianos, ingleses, franceses, españoles o europeos? Políticos a favor de la UE, como la comisaria Malmström, luchan por mantener y aumentar las formas de solidaridad más allá de las fronteras nacionales. Si la UE mostrase liderazgo en los esfuerzos por evitar catástrofes como la de Lampedusa y si el duelo por las muertes de migrantes se manifestase públicamente como si de europeos se tratase (por ejemplo, mediante las visitas del Presidente de la UE, el señor Barroso, y de la Comisaria Malmström a Lampedusa), la Comisión podría declarar Lampedusa de forma proactiva como una verdadera tragedia europea, podría solicitar que el incidente fuera tratado como un asunto de relevancia europea y proyectar así estratégicamente los límites del “nosotros” hacia una visión de una comunidad solidaria y con valores más allá de los estados miembros individuales.

Nota: Este artículo refleja los puntos de vista de su autor y no la posición del blog EUROPP – European Politics and Policy, ni los de la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres.

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