Comentario sobre la huelga de sed en Berlín. Un continente inseguro

14.10.2013
Traducción: Translators for Justice
Fuente: http://www.taz.de/Kommentar-Durststreik-in-Berlin/!125522/

Martin Kaul

Se encuentran a salvo pero juegan con sus vidas: ¿Qué idioma hablan las huelgas de hambre y sed de los solicitantes de asilo?

Es una medida arriesgada y ciertamente nada divertida: 28 solicitantes de asilo en Berlín buscan hacer notar la situación en la que se encuentran mediante formas de protesta radicales. Desde el lunes se rehusan a ingerir tanto alimentos como agua. Con esta huelga de sed demandan la aprobación de su solicitud de asilo. Quien se arriesga a dar un paso semejante se mueve en campo minado desde el punto de vista ético.

¿No es cínico, estando ya en Alemania —a salvo, en tierra firme— enrumbarse uno mismo por el ya simbólicamente cargado sendero de la muerte en vista de las innumerables víctimas fallecidas en las costas europeas? O, por el contrario, ¿es la obligación de estos refugiados, como embajadores de los marginados, luchar con todas sus fuerzas para llevar consigo al centro del continente el sufrimiento ocasionado por el fracaso de la política de inmigración en Europa?

Ni lo uno ni lo otro. Quien ahora se pregunta si es legítimo o no llamar la atención por medio de una acción semejante, no ha comprendido la dimensión de la crisis de los refugiados en Europa. La huelga de sed llega al extremo simbólicamente, lo cual se convierte en la enfermedad del continente europeo: Europa padece de inseguridad política.

Por un lado, los partidos de la derecha populista obtienen resultados récord en elecciones en Europa, por otro lado, gente se ahoga en innumerables tragedias a las puertas del continente. Resulta evidente que los políticos europeos no logran encontrar respuesta a esta incertidumbre que parece interminable. Europa misma no tiene respuesta a su supuesta idea humanitaria.

Sin embargo, hay personas que no experimentan esta inseguridad de manera abstracta, sino en carne propia. Se trata de aquellos refugiados en Europa que se sienten abandonados y aislados. Sus gritos están dirigidos al lugar donde ellos se encuentran: al centro de Europa, donde nadie los quiere escuchar.

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